La primera duda. Más que una duda, una batalla… Vol.2

Tras haberte aireado la mayor parte de los trapos sucios de las mecánicas de gasóleo en el primer volumen de este hilo, ahora te voy a tranquilizar. No es necesario que vayas corriendo a por el abono de autobús ni a desempolvar la bicicleta.

La gasolina existe

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Toda esa evolución de la que hablábamos antes que “sufrieron” en los 90 los motores diésel para adelantar por la derecha a los gasolina ha llegado también a estos últimos.

Además, que conducir un gasolina es mucho más placentero, más suave y con menos ruidos y, sobretodo, vibraciones (que a la larga no se convertirán en desajustes mecánicos ni de revestimientos e interiores) no te lo voy a descubrir yo a estas alturas de la película.

Sistemas de inyección directa, turbos, reducciones de cilindrada (también llamados “downsizing”, término en inglés que significa reducir dimensiones) han conseguido que los motores gasolina actuales alcancen las mismas metas que los diésel. Además, dado que ya estaba estudiada su aplicación en los diésel su implantación en los gasolina ha sido relativamente sencilla y no ha afectado al precio, manteniendo las mismas diferencias que siempre han existido (a favor del gasolina en la práctica totalidad de los casos).

Hoy en día no resulta nada extraño hablar de berlinas medias de tamaño más que considerable con motores que no llegan al litro y medio de cilindrada, e incluso motores con tres cilindros, ¡lo nunca visto en un segmento en el que hasta hace no mucho los motores altos de gama presumían de tener el doble de cilindros! Pero viendo cómo evolucionaba la tecnología, esto era de esperar.

A donde quiero llegar es a que hoy en día, con el precio, el consumo, el mantenimiento más económico, el agrado de uso y la menor propensión a sufrir averías de los gasolina, son la opción a tener en cuenta antes que el diésel en la mayoría de los casos.

Pero tal y como decía al final del primer volumen, siempre habrá casos en los que siga compensando el diésel. Aún sin tener el cuenta precio, kilometraje, mantenimiento, etc.

A continuación, mi particular lista de razones para comprar un diésel independientemente del uso que le vayamos a dar:

  1. Kilometrajes elevados. Como es evidente, una persona que haga 35.000 ó 40.000km al año no es susceptible de comprar un coche de gasolina. Aunque los recorridos sean cortos, con esas cifras globales lo más seguro es que sean próximos en el tiempo entre sí y el motor funcione a temperatura de servicio (que es cuando menos desgaste sufre) aunque sea en intervalos separados. En lenguaje llano, que no lo vamos a dejar enfriar.
  2. Coches con una gran superficie frontal. Una vez lanzados en carretera lo que más afecta al consumo y las reacciones del coche es la superficie frontal. Es decir, a 100km/h le cuesta mucho más vencer al viento frontal a un coche que mida 1,45m de alto que a otro que mida 1,30cm. Y esto nos va a disparar el consumo exponencialmente. Es por ello que aunque hagamos muy pocos kilómetros, a no ser que sean en su gran mayoría en ciudad, si lo que nos estamos planteando es un monovolumen (medio o grande) o un SUV (los llamados “todocamino”), lo mejor es que sigamos mirando la versión diésel. También se debe extrapolar a vehículos muy pesados, pero la realidad es que la tendencia general es que cada vez los modelos pesen menos, por eso ni lo contemplo.
  3. Si vamos a pagar por el uso del coche. Me explico, hoy en día el renting está muy extendido, la mayor parte de los usuarios saben de qué se trata y es un éxito en la venta a empresas por motivos fiscales y de flexibilidad. La cuota de renting se calcula teniendo en cuenta varios factores:
    1. Precio del coche nuevo
    2. Coste del mantenimiento en el plazo y kilómetros solicitados por el cliente
    3. Valor del vehículo al finalizar el contrato. Aquí está la clave. El diésel tiene un valor de reventa proporcionalmente más alto que el del gasolina, por eso al cabo del tiempo el diésel va a valer más. ¿Qué quiere decir esto? Que si al finalizar el contrato el coche vale más, tú pagas menos de cuota. Si quisieras quedártelo sería más caro, obviamente, pero si tienes claro que al finalizar el contrato lo vas a cambiar por otro nuevo la mejor opción es el diésel. Esta cuenta también se puede aplicar a las financiaciones tipo “Compra flexible”, “Multiopción”, “Opción futuro”, etc. Dedicaremos otra entrada a ellas ya que son, hoy por hoy, la forma de compra más interesante.

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Hasta aquí, una rápida revisión a los motivos de compra de un diésel o un gasolina.

Todos los comentarios serán bien recibidos y todas las opiniones valoradas, ahora la decisión es tuya…

¿Con cual te quedas y por qué?

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